Los cuadernos se deshacen en el fuego de la economía

por Nicolás Solari 20/09/2018

Pareciera que pasó hace rato la época en donde los grandes escándalos eran capaces de cambiar el rumbo de la política argentina. La sospechosa muerte del fiscal Alberto Nisman, las fotografías de los cinco millones de dólares de Florencia Kirchner, los desmanejos laborales del ministro Jorge Triaca, los millonarios bolsos de José López, la constatación de aportes ilícitos en la campaña electoral de Cambiemos y, sobre todo, los cuadernos de Oscar Centeno sobre la corrupción kirchnerista agitan las redes sociales y las redacciones de los medios, pero son incapaces de conmover sustantivamente los cimientos de la opinión pública.

Ante dicha evidencia es lícito preguntarse si la gente ha perdido interés en la política o si acaso se ha roto definitivamente la credibilidad de las noticias. El trasfondo es más complejo.

Para empezar, la opinión pública internalizó y aceptó hace tiempo que vivimos en una sociedad corrupta. Un estudio conjunto de Poliarquía Consultores y el Instituto IDEA del año 2014 registraba que ocho de cada diez argentinos creen que en nuestro país no se respetan las leyes. El mismo estudio señalaba a los políticos como el sector que más frecuentemente trasgrede la ley.

Una vez admitida la corrupción en pequeña y gran escala existe poco lugar para la sorpresa cuando una causa como la de los cuadernos estalla en los medios. De hecho, en un contexto de alta percepción de corrupción, las investigaciones de este tipo constituyen más la confirmación de algo ya conocido que un escándalo que -en teoría- debiera develar comportamientos inesperados por el público.

Hay además una cuestión instrumental relacionada al consumo de medios y al recorte periodístico de la noticia. Como menciona la investigadora Natalia Aruguete en una reciente entrevista publicada por Página 12, la corrupción es un tema no experiencial que llega a la sociedad tamizado por el enfoque de los medios. El framing de la noticia y la postura editorial provoca en ocasiones que los medios funjan más como una caja de resonancia de posiciones previas, que como una fuente de actualización y reflexión informativa. Así, los simpatizantes de Cambiemos encuentran en la causa de los cuadernos la confirmación de la corrupción kirchnerista, mientras que los antimacristas hallan solo nueva evidencia de la manipulación de la justicia para perseguir políticamente a Cristina Kirchner.

La explicación precedente está sin embargo renga. ¿Qué pasa con quienes no comulgan con el macrismo ni con el kirchnerismo? ¿Qué pasa con los independientes? ¿Cómo decodifican y procesan  la noticia política? La respuesta tiene dos partes. Primero, los sectores independientes son menos ideológicos pero también menos informados, por lo que el consumo de noticias políticas es menos frecuente e intenso, como también lo es su impacto. Segundo, en los sectores independientes las temáticas experenciales, como la inflación o el miedo al desempleo, tienen un peso mucho mayor porque constituyen casi en exclusividad el canal por el que se toman decisiones políticas. En el contexto actual de una economía declinante, acuciada por la inflación y la interminable crisis cambiaria, queda poco lugar para que la gente se preocupe por cuestiones no experenciales como la corrupción o la calidad institucional. Para el votante medio, la economía es siempre la cuestión central, máxime en tiempos de crisis y pérdida generalizada de confianza.

Así las cosas, parece que el escándalo de los cuadernos tendrá un impacto más bien acotado en los indicadores de opinión pública que miden el trajín social. La relativa indiferencia  ciudadana se contrapone sin embargo a la alarma que impera en el establishment, donde por primera vez nadie tiene la certeza de no ser devorado por las múltiples tramas que comienzan en el auto de Barata y Centeno y se expanden por la geografía de nuestra dirigencia.