La demografía de nuestra dirigencia política

por Nicolás Solari 08/06/2017

Algo de nosotros se refleja en nuestra dirigencia, aquellos hombres y mujeres que hemos elegido –con variable atención e interés- para que nos representen en la esfera pública. En efecto, los líderes políticos, independientemente de su tiempo y geografía, son esencialmente emergentes sociales. Churchill, De Gaulle, Trump o Macron comparten, junto a muchos otros líderes democráticos, la fina cualidad de haber sabido interpretar a un electorado que confió en ellos por su eficiencia, honestidad, mando, carisma o cualquiera que fuere el conjunto de valores que los pueblos demandan de sus líderes en el acontecer de la historia. Nuestro país no es excepción. Yrigoyen, Perón, Alfonsín, Kirchner o Macri solo pueden ser comprendidos en el contexto de la Argentina histórica que los alumbró. Existe así un nexo para comprender al líder a través de su pueblo, y al pueblo a través de su líder.

Con propósitos más modestos, hemos creído interesante presentar en estas páginas una radiografía de la dirigencia política argentina en su conjunto. Para ello, hemos seleccionado a los 150 líderes políticos que creemos constituyen la crema y nata de la dirigencia política nacional. Para integrar el listado hemos utilizamos un criterio que privilegió la electorabilidad de los dirigentes, es decir la capacidad de competir exitosamente en elecciones. En este sentido, nuestra lista de dirigentes incluye al Presidente, los gobernadores y los intendentes de las ciudades más importantes del país, un nutrido grupo de legisladores nacionales y provinciales, funcionarios con potencial electoral y dirigentes políticos de peso en general. La elección de los dirigentes, claro está, es un ejercicio subjetivo que puede arrojar resultados distintos según quien lo practique, aunque confiamos en que en todos los casos habrá un consenso amplio sobre la mayor parte del listado que aquí empleamos.

El análisis minucioso de nuestro selecto grupo de líderes políticos arroja al menos cinco conclusiones que resulta oportuno compartir aquí.

1)         El peronismo es el espacio político que aporta más dirigentes a la élite política argentina. En efecto, el 27% de nuestro listado está conformado por hombres y mujeres identificados primariamente con el Partido Justicialista. En segundo lugar aparece el PRO, con un 23% de los dirigentes, seguido por la UCR con el 17%. El Frente para la Victoria, por su parte, reúne al 14% de la dirigencia, mientras que el Frente Renovador (incluyendo a sus aliados extrapartidarios, como Stolbizer y otros) da cuenta del 10%. Finalmente, la Coalición Cívica, el Socialismo y las fuerzas provinciales se reparten el 8% restante.

Grafico 1: Dirigentes políticos según espacio político de pertenencia, en porcentaje.

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  2)         Si bien la edad promedio de la élite política argentina es de 54 años, resulta interesante observar como la edad de la dirigencia varía según los espacios políticos. Los dirigentes identificados con el radicalismo y el peronismo son los más envejecidos, ya que promedian una edad de 57 años en ambos casos. Entre los dirigentes del Frente Renovador la edad media cae ligeramente hasta los 54 años. Por debajo del promedio general de 54 años aparecen los dirigentes del Frente para la Victoria, que promedian 52 años, y los del PRO, que resultan los más jóvenes con una edad media de 48 años.

Gráfico 2: Edad promedio de los dirigentes, en años cumplidos, según espacio político de pertenencia

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3)         Pese al prestigio de las mujeres en política (actualmente los tres dirigentes mejor evaluados del país son mujeres), la brecha de género es muy amplia y las mujeres apenas constituyen el 17% de la dirigencia nacional en su conjunto. Las mujeres tienen mayor gravitación en los puestos de vanguardia de los espacios políticos constituidos en los últimos años (PRO, FR y FPV) -donde ocupan entre un 20% y un 30% de las posiciones-, que en los partidos tradicionales (PJ y UCR) -donde apenas promedian el 10%-.

Gráfico 3: Brecha de género según espacio político de pertenencia

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4)         La Ciudad y la Provincia de Buenos aportan el mayor número de dirigentes a la élite política argentina. En efecto, un 60% del conjunto de la dirigencia política argentina proviene de la Provincia (37%) o la Capital (23%). El resto de los principales dirigentes del país proceden del norte del país (15%), la región centro -con excepción de la mencionada Provincia de Bs As- (11%), la Patagonia (8%) y el Cuyo (6%). Como se observa en el gráfico siguiente, la Capital es el único distrito con una sobrerrepresentación significativa en la élite política, producto en buena medida de que la Ciudad de Buenos Aires es el distrito originario del PRO, de donde provienen la mayoría de sus funcionarios.

Grafico 4: Región de origen de los dirigentes y población por región, en porcentaje

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5)         La mayoría de la dirigencia política argentina ejerce cargos electivos, ya sea ejecutivos (36%) o legislativos (35%), mientras que el resto está dividido entre quienes ocupan puestos de funcionario (15%) y quienes no poseen cargos públicos (14%). Entre quienes ejercen cargos ejecutivos se observa la preeminencia de los dirigentes peronistas, que controlan múltiples gobernaciones e intendencias, mientras que entre los legisladores existe una distribución equilibrada entre los distintos espacios.

Grafico 5: Dirigentes con cargos electivos según espacio político en porcentaje totalgarf-5

Si nuestros líderes son un espejo de nosotros mismos, la demografía de nuestra dirigencia arroja algunas pistas de quienes somos como sociedad. Para empezar, somos una sociedad plural y equilibrada donde, por el momento, pareciera no haber lugar para hegemonismos como el de la década pasada. Somos, asimismo, una sociedad que apuesta a la renovación generacional como forma de desarrollarnos y evolucionar. A pesar de nuestro discurso igualitarista, seguimos siendo una sociedad mayormente machista que apuesta al gobierno de los hombres en detrimento de las mujeres. Si bien existe una representación federal de todas las regiones del país, la Ciudad de Buenos Aires sigue marcando el buena parte del pulso político del país. Por último, somos una sociedad eminentemente democrática donde los liderazgos políticos se encuadran en la competencia electoral como forma de acceder al poder. Es, en síntesis, un cuadro prometedor que invita a consolidar nuestras fortalezas y afrontar decididamente los desafíos pendientes.